Nociones elementales de texto y discurso.
El vocablo latino textum derivó en castellano en texto, textura, textual, textil y tejido. La característica en común que tienen estas palabras es el sentido de trama propio de los tejidos. La definición que encontramos en el diccionario de trama nos precisa: “Conjunto de hilos que, cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela”.
Pues bien, un texto no es ni más ni menos que una tela, un tejido en que, en lugar de hilo, se utilizan palabras, y en lugar de los puntos resultantes del trenzado del hilo se obtienen los diferentes efectos provenientes de las distintas funciones y connotaciones de dichas palabras. El hilo y los puntos de un texto escrito o hablado corresponden a lo que se conoce como discurso, o secuencia ininterrumpida de lenguaje puesta en funcionamiento para hacer algo. Este hacer puede ser traducir, convencer, dialogar, demostrar, persuadir, argumentar, ordenar, pedir, etc.
En un texto, entonces, intervienen a lo menos dos niveles:
a) el hilo, o palabras empleadas para decir algo.
b) la urdimbre, o las funciones y connotaciones en que están siendo utilizadas las palabras.
El discurso puede ser entendido como la materia de que está hecho un texto, y también como la forma que adquiere tal materia; de allí se hablará entonces de discurso poético, discurso narrativo, discurso político, discurso dramático, discurso publicitario, discurso cinematográfico, discurso histórico, etc.
Al igual que se puede seguir la trama de un tejido, esto es, observar y analizar cómo está tejido, qué puntos se utilizaron, cuál es el resultado (si es una bufanda, un chaleco, un gorro, un chal, etc.), de igual manera se puede analizar un texto siguiendo su discurso, para ver cómo está ordenada la información contenida en él, qué funciones cumplen las palabras en sus distintos niveles, cuál es la forma final de lo enunciado.
Se puede hablar entonces de una red textual, ya que la información fue ordenada y distribuida por el autor con la finalidad de atrapar al lector, y también porque una red es un tejido organizado de hilos. De este modo, el lector, al interpretar (leer) un tejido (texto) puede destejerlo (en el caso del discurso artístico) o usarlo (en otros tipos de discurso). Por ejemplo, al leer el Quijote y quedar atrapado en su universo narrativo, cualquier lector notará la presencia de una serie de voces que nos cuentan la historia, quedando a juicio del lector la elección por la verdad de la historia de acuerdo a la voz mas creíble, si por el contrario, busco información en la guía telefónica estoy usando el texto más que interpretándolo.
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